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Crítica: El Próximo Oriente

Agosto 21st, 2006

OrienteCuando uno entra en una sala de cine puede tener diversas intenciones: entretenerse, emocionarse, reírse, llorar, disfrutar de imágenes sublimemente fotografiadas, encontrar respuestas, ver chicas guapas…que sé yo, infinidad de cosas . Si en los resultados obtenidos se reconocen las expectativas iniciales la experiencia siempre será satisfactoria. En otras ocasiones, cuando lo que allí se te ofrece te sorprende y rebasa lo que esperabas encontrar el cine sobrepasa su función lúdica y nos remueve algo indescriptible “ahí dentro” conviertiéndose en “algo más”. No es el caso de las películas de Colomo, perfecto hacedor de películas correctas y entretenidas. Lo bueno es que sabes que pasarás un rato agradable, lo malo, ya sabes, que se acabará al encenderse las luces.

El estreno que esta semana nos trae el director madrileño cumple a la perfección con las constantes de su cinematografía: se trata de una comedia ligera y desenfadada, con momentos ingeniosos pero algo falta de tejido escrito.

Cain es un chico “majete” pero algo pardillo que vive en Lavapiés, sempiternamente a la sombra de su hermano menor, Abel, un guapo empleado de banca interpretado por Asier Etxeandia, fuente perfecta de envidias y malos sentimientos para Caín- Javier Cifrián (bastantes menos de lo normal habida cuenta de que se ha casado con la chica que le gustaba y esta es nada menos que Kira Miró). Cain siempre se ha comido “los marrones” de Abel y esta es la base del enredo que sustenta la cinta. Enredo que, al contrario que en las críticas al uso no pienso destripar.

Los puntos fuertes de la historia son un tono amable muy agradable, una banda sonora pegadiza y tres o cuatro divertidísimas secuencias marca de la casa; los pilares más bien raquíticos de la película son la falta de elaboración en una historia muy previsible, lo sonrojante de los superficiales episodios didácticos sobre el Islam, y el desenlace apresurado y sólo apuntado de la película.

Mención aparte merece la actuación del casi novato Cifrián, que aguanta todo el peso del relato sobre sus espaldas. Quizá demasiado, pues es el único personaje plenamente construido de entre los protagonistas (Nur Al Levi hace de “la chica” además del ya mencionado Etxeandia y ninguno está precisamente de nota…). Los secundarios si que están sin embargo a la altura, apuntalando el característico “plano abierto” de la comedia tradicionalmente española.

En definitiva una película entretenida que aunque puntúa mejor en la liga de las primeras impresiones que en la del análisis puede proporcionar una experiencia satisfactoria. No es “algo más” pero es cine eficaz.

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