Crítica: Stay Alive, o cómo sobrevivir al sopor
Septiembre 8th, 2006
Dice la leyenda que la condesa de Bathory era una chica muy guapa, de alta alcurnia ella, que vivía en Transilvania allá por el siglo XVI. Algunos dicen que era epiléptica y que ese avatar está en la base de la leyenda que se forjó sobre su persona. Se dice que desangraba jovencitas convencida de que su sangre le ayudaba a conservar su belleza. No pocos sitúan la práctica de beber sangre de la condesa con la inspiración romántica para forjar el vampirismo literario.
Me gustaría extenderme más acerca de Bathory, que es un tema mucho más interesante que el que hoy nos toca pero es que, a pesar de que supuestamente Stay Alive versa sobre este mito ni le hace justicia ni tiene realmente nada que ver: podrían haber puesto cualquier “monstruo” inventado para la ocasión y el resultado sería el mismo. Yo, como actualización de la leyenda de “la condesa sangrienta” os recomiendo La novia ensangrentada (1972) de un Vicente Aranda bastante diferente al de Tirante. Me apunta además mi compañero Sergei que hay planes para rodar Bathory el año que viene, esperemos que les salga mejor.
El argumento: un videojuego clandestino, un juego de supervivencia ambientado en un caserón encantado…sólo que las partidas son algo más que ficción. Os podéis imaginar que se trata de la típica película de grupo de jovencitos que van cayendo hasta que al final sólo quedan (lo que sigue es un spoiler tan previsible que no sé si considerarlo tal) el chico y la chica protagonistas. La mala es una supuesta condesa de Bathory muy fea y ridículamente caracterizada, el escenario, su casa, que claro, no está en Rumanía sino en Estados Unidos.
Me da realmente pereza buscar adjetivos para una película que queda perfectamente retratada con un simple “mala”, pero haré un esfuerzo. La trama es lineal y está más vista que la pechera de Marlene Mourreau, la dirección es rutinaria hasta el sopor (sí, me quedé dormido, que pasa) y el del casting no se salvan ni los gráficos del videojuego.
Puestos a buscarle una referencia menos evidente que las hijas de la Halloween diré que podría recordar vagamente a En la boca del miedo, también de John carpenter, por aquello de mezclar la ficción con la realidad, en aquella ocasión eran libros de ciencia ficción a medio camino entre Lovecraft y Stephen King, en esta una aventura gráfica de lo más sosa. Avisados estáis: no paguéis por verla.
