Crítica: El viento que agita la cebada
Octubre 6th, 2006
Disclaimer: el lector debe tener en cuenta antes de leer esta crítica que el que esto escribe es un auténtico fan de Ken Loach, con todas las cargas que esto puede acarrearle al buen juicio y subjetividad de esta crítica.
Nota al disclaimer: el parrafillo anterior obedece básicamente a que siempre quise usar la palabra “disclaimer”, como la gente guay de la blogosfera ![]()
El viento que agita la cebada nos trae de nuevo al Loach más intenso y dramático después del flirteo con un cine no menos comprometido pero si más ligero en la “semicomedia-dramática-sobre-el prejuicio racial” Sólo un beso. En esta ocasión lidia con una historia de trasfondo histórico y político, el conflicto armado entre Irlanda y Gran bretaña en los años veinte que desembocaría en una mayor cuota de autonomía. Este episodio, que en su vertiente más política ya se trata en Michael Collins, le sirve de excusa a Loach para ofrecer una película que diserta sobre temas de peso como el posibilismo político, el nacionalismo y la relación entre el socialismo y lucha de emancipación nacional.
Podría parecer que el director británico ha rodado una película de tesis por los temas que he enumerado, sin embargo tanto él como su guionista habitual de los últimos tiempos, Paul Laverty, acostumbran a no perder de vista la historia humana que hay detrás de los personajes y, como si de Victor Jara con Te recuerdo Amanda se tratara, insertan los relatos de injusticia más terribles con una historia de amor. En este sentido ya colaboraron, también con decorado histórico, en La canción de Carla, pero los resultados de aquella estaban muy por debajo de El viento que agita…
La película ha tenido una gran acogida por la crítica (Palma de Oro este año en Cannes), aunque hay quien ha acusado al director de hurgar demasiado en la llaga, lo que es incuestionable, Loach ha utilizado en esta ocasión un armazón acusadamente dramático sí, pero en mi opinión sale airoso de ese terreno, el más fácil para el resbalón junto con el de la comedia desmadrada.
Si de algo hay que acusar al director en esta ocasión es de no darle a los soldados ingleses un pedacito de la profundidad que tienen el resto de personajes de la película. Aparecen como hordas deshumanizadas, si bien es cierto que el relato se ocupa más bien de las contradicciones internas del otro bando, siendo en el fondo un elemento más bien superfluo (aunque imprescindible, claro).
En el plano de lo cinematográfico la película se me antoja impecable, todos los actores están a un nivel impresionante, perfectamente integrados en el tono de la historia, ninguno chirría, lo que dice cosas muy buenas de la dirección de actores; la recreación de una Irlanda post Primera Guerra Mundial es soberbia (nosotros que en nuestras fantasías cinéfilas siempre vislumbramos El hombre tranquilo o Los inmortales…); la fotografía y demás aspectos técnicos a estas alturas de la película se deben suponer como el honor y de todas maneras cumplen las expectativas con un colorido terroso que me parece muy adecuado.
Para acabar me gustaría salirme un poco de El viento que agita…y volver al tema del cine político, del que ya hablamos el otro día. Puedo entender perfectamente que a mucha gente no le guste el cine “con mensaje”, yo mismo soy un gran defensor del cine como “fábrica de sueños”, lo que no puedo entender es la gente que utiliza esta característica para atacar una película, al margen de sus otros defectos o virtudes, que se diga peyorativamente de una película que es militante de cualquier cosa. Esta es una característica tan válida como cualquier otra (no nos carguemos a Pasolini), y es normal que aquellos que se encuentren a gran distancia ideológica del autor no sientan agrado en lo que dice pero ¿es un defecto en si mismo el expresar opinión?
