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El Oso Yogi y los Picapiedra se quedan huérfanos

Diciembre 19th, 2006

Ayer día 18 dijimos adiós a Joseph Barbera, la mitad de Hanna-Barbera, quien falleció en su casa de Los Angeles a la edad de 95 años. Desaparece así un mito de la animación, al que ya precedió su inseparable William Hanna hace 5 años.

Hanna-Barbera

Recuerdo con cariño que, de pequeño, y al igual que otros compañeros de generación (y de las anteriores a la mía, no olvidemos que los dos llevaban trabajando juntos desde 1939) pensaba que Hanna Barbera era una sola persona. Una animadora a la que le gustaba crear personajes con el que entretenernos a los más jóvenes, en aquellos momentos en los que TVE (cuando aún no era La Primera, ni siquiera TVE1) rellenaba sus huecos con videoclips (minutos musicales que les decían) o con dibujos animados para ajustar horarios o cubrir problemas de emisión.

Fue en aquellas emisiones cuando conocí a Scooby Doo, los Supersónicos, el Oso Yogi, los Picapiedra, Huckeberry Hound, Magilla Gorila, el Lagarto Juancho, Don Gato, Pepe Pótamo, la Hormiga Atómica, Tom & Jerry, los Pitufos, los Autos Locos, Hong Kong Phooey… y tantos otros personajes que nos han distraido en nuestra niñez.

Los dos creadores se conocieron dentro de la división de animación de la MGM en los años 30. Ambos entraron en ella en 1937, pero no fue hasta dos años más tarde cuando empezaron a trabajar como co-directores.
Su primera creación de éxito fue Tom & Jerry, en la que trabajaron para la MGM durante 17 años, hasta (después de 8 Oscars ganados) que la televisión hizo pensar a los directivos de la Metro que los cortos de animación dirigidos al cine estaban llamados a desaparecer, y cerraron su división de animación en 1957.

Por suerte los dos animadores sí que vieron el potencial que la pequeña pantalla ofrecía, y en 1959 creaban la productora Hanna-Barbera. Ruff & Reddy fueron las primeras creaciones del estudio, a las que inmediatamente fueron siguiendo toda la galería de clásicos que ideó el dúo.

Durante años fueron los líderes indiscutibles de la animación, pese a que la falta de presupuesto afectaba a la calidad de las animaciones, y el volumen de trabajo acabó afectando también a la calidad de las historias.
En los 80, las nuevas técnicas y el apoyo en el merchandising fueron relegándoles a un segundo plano, del que apenas pudieron salir con su último gran éxito, la adaptación animada de los Pitufos (creados, no nos confundamos, por el belga Peyo).

La compra de la compañía por Turner Broadcasting en 1991 provocó un renacimiento de la misma, creando series como Dexter o las Supernenas, en las que Hanna y Barbera ya apenas ejercían como supervisores.

Sin duda, ayer se puso punto y final a toda una era de la animación. Nos quedan sus personajes y cientos de cortos animados que a buen seguro seguirán entreteniendo a los más pequeños durante muchos años.

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