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Fuerza y Honor, el día que Ken Loach se encontró con Van Damme

Noviembre 7th, 2007

Ponga usted en una coctelera las escenas de relleno de una película de Ken Loach, un villano sacado de película de acción de videoclub, unos cuantos actores que viven de la renta, una banda sonora de música celta, y todos los tópicos posibles del telefilm dramático.
Agite (no demasiado) y lo que le salga se parecerá mucho al bodrio que es Fuerza y Honor (Strenght and Honour).

Michael Madsen protagoniza este ¿drama? que comienza cuando su personaje, un boxeador, mata accidentalmente a su cuñado durante un entrenamiento.
Antes de que nos demos cuenta, su mujer también muere por un problema cardíaco, nos enteramos de que está endeudado hasta las cejas, sus suegros le culpan de todo, y a su hijo le diagnostican una enfermedad que no puede curarse en Irlanda, y por cuyo tratamiento debería pagar 250.000 libras que no tiene. Todo eso en menos de 10 minutos.

A partir de ahí, estamos casi una hora recreándonos en las miserias del protagonista. No puede cobrar el seguro de su mujer, su jefe y amigos le prestan dinero, está hundido, pierde su casa… Pero, como si de una película juvenil de los 80 se tratase, la oportunidad se le planta delante. Hay una competición callejera de boxeo cuyo premio son 250.000 libras. Ni una más ni una menos.

Aparece aquí el malo de la película. El ex-futbolista Vinnie Jones parece un malo sacado de película de Van Damme. Descerebrado, violento, fuerza besos a las chicas, asusta a otras, mata a gente, pega a otros porque llaman a la puerta de su caravana o no quieren irse de un bar, obliga a camareros a ponerle copas aunque estén cerrando… vamos, lo que se dice un malo de verdad.

Strenght and Honour

Mientras, Madsen se entrena para el torneo, viviendo en una caravana en un campamento gitano a las afueras de la ciudad, cuyo patriarca es Patrick “Robin Hood” Bergin. Su entrenador, dicho sea de paso, es un Richard Chamberlain al que nunca acabamos de creernos como dueño de un gimnasio de boxeo.

Total, un completo despropósito, que consiguió algunas risas en la sala en los momentos dramáticos, y es que la película está tan salpicada de tópicos (por no decir que los tiene todos), que a veces parece una parodia del género. Adornado con una banda sonora terrible, dicho sea de paso.

Me sorprende comprobar que el film consiguió dos premios en el pasado Festival de Boston, el de mejor película y mejor actor. Se ve que hay festivales que tienen un nivel MUY bajo de películas.

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