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Transporter 3: entrevistas con Jason Statham y Robert Knepper

Diciembre 11th, 2008

Tras recaudar más de 50 millones de dólares en todo el mundo con sus anteriores entregas vuelve Frank Martin en una misión más arriesgada que nunca. El especialista en entregas de alto riesgo debe ahora llevar dos bolsas y una chica desde Marsella hasta Odessa. Todo sin alejarse más de 23 metros de su coche, si no quiere detonar su pulsera explosiva.

En esta ocasión Jason Statham se enfrenta a un letal enemigo, el mafioso Johnson, al que interpreta Robert Knepper (Prison Break, Buenas Noches y Buena Suerte). Ambos actores habla de la película en las dos entrevistas que te ofrecemos hoy:

-Jason Statham-
¿Cómo ha sido el reencuentro con el personaje?
Me encanta que me den la oportunidad de retomar el personaje. De pequeño siempre me llamó la atención el trabajo de los especialistas, y creo que lo más gratificante de trabajar en una película de acción son los diferentes retos a los que has de enfrentarte para intentar hacer un trabajo resultón y lograr que las escenas de efectos especiales resulten creíbles. Ha sido genial volver a trabajar con toda la gente que confió en mí por primera vez en el mundo de la acción, como Luc Besson, Steven Chasman y Corey Yuan principalmente. No hace tanto que estaba haciendo papeles menores en películas de otros géneros y si no fuera por estos tíos, no estaríamos aquí años después haciendo la tercera entrega de la saga.

Háblanos del personaje.
Es un malo que hace cosas buenas y eso es lo que atrae al público porque la gente suele sentirse identificada con ese tipo de personajes. Estas películas las rodamos a nivel muy práctico, no contamos con todos los lujos que rodean algunas de las películas de acción que están ahora en cartel y eso se nota, y lo que es más, le gusta al público que disfruta con esta saga. Mi personaje es uno de esos tipos callados y estoicos que vive según su propio código moral. A todos los espectadores, tanto masculinos como femeninos, les gustan los personajes fuertes. Es un tipo bastante introspectivo, pero siempre hace lo que tiene que hacer y termina el trabajo que le hayan encargado. Sabe gestionar las cosas desde el lado físico, pero intenta no recurrir demasiado a la violencia para resolver las situaciones en las que acaba metido. Todos respetamos mucho a la gente que es capaz de controlar estos entornos tan peliagudos, sobre todo cuando se está tratando con cacos y criminales. Además, creo que tiene un lado tierno. Quiere llevar una vida pacífica.

¿Cómo ha evolucionado?
Creo que vuelve la vista hacia la primera parte. En esta tercera entrega nos encontramos con un Frank que está trabajando de nuevo, porque en la segunda entrega se había jubilado. En los primeros quince minutos vemos que está de nuevo en acción, a pesar de que rechaza un trabajo porque no está del todo de acuerdo con lo que implica. Ése es uno de los aspectos que más me gustan de Frank. Siempre vive según sus propias reglas y condiciones y si algo no casa con esas reglas, no acepta el encargo. De nuevo trabaja de transportista, así que creo que a la gente le gusta que haga ese tipo de cosas, relacionándose con los malos y con los criminales. Tarconi está de vuelta también y entre ellos existe un entendimiento mutuo. Frank no trabaja siempre en el lado correcto de la ley, pero incluso algunos policías saben que las cosas no son siempre blancas o negras. A pesar de que Frank hace cosas ilegales, sí se puede sacar algo positivo de su trabajo.

Has vuelto a trabajar con Francois Berléand.
Es muy divertido. Siempre me hace sonreír. Es muy sarcástico y no se toma nada en serio. Ojalá hubiéramos tenido más escenas juntos, siempre digo que nunca son suficientes, quiero trabajar más con François. Es un encanto.

Y con Robert Knepper.
Es un tipo bastante intenso. Me sorprendió mucho lo popular que es, cuando salíamos con él era como ir por la calle con Elvis Presley. Como rodamos en Francia, estábamos de paseo por los Campos Elíseos y nunca he visto a tanta gente girarse porque le habían reconocido. Tiene una relación muy buena con el público. Es una gran estrella y un actor magnífico y eso hizo que los demás nos esforzáramos más todavía. Cuanto mejor sea el malo, peor se ponen las cosas para Frank y mejor se ponen para los espectadores que disfrutan viendo cómo va a salir de las situaciones en las que se mete. Me gustó mucho trabajar con Robert.

¿Cómo ha sido la dirección de Olivier Megaton?
Luc Besson escogió a Olivier Megaton para dirigir la película. De hecho Luc Besson suele elegir a cada uno de los directores con los que trabajamos. Tiene muy buen ojo para encontrar nuevos talentos. Olivier añade innovación y frescura y eso se ve en las escenas de acción, que son muy diferentes. El montaje y las técnicas que ha usado Olivier para las escenas de acción varían mucho del método empleado en las dos primeras entregas.

Las luchas de Corey Yuan son parte importante del film.
Las películas no hubieran sido tan exitosas sin la colaboración de Corey Yuan. Nunca he visto a nadie que tenga su capacidad en los diez años que llevo trabajando en estas películas. Se centra muchísimo en el personaje y en su personalidad. Se mete totalmente en la película. Creo que nadie sería capaz de ofrecer lo mismo con el espacio y tiempo del que disponemos. Es una persona muy especial y le respeto muchísimo. Tiene una personalidad maravillosa. Corey y su equipo son algunos de los tíos con más talento que he conocido jamás, son toda una fuente de inspiración. Es un verdadero placer trabajar con ellos. De hecho podría colaborar con ellos hasta que se me cayeran las piernas. Les tengo muchísimo aprecio.

Transporter 3 Jason Statham

¿Hay mucha acción?
Al echar la vista atrás y pensar en la primera película de Transporter que hicimos, me doy cuenta de que había mucho que demostrar. No teníamos ninguna expectativa de éxito y teníamos mucho tiempo con el que trabajar así que lo rodamos todo de manera muy orgánica, a través de la lente. Hemos intentado volver a la originalidad de la primera entrega. Estábamos en Francia intentando encontrar localizaciones que nos permitieran crear esas enormes escenas de lucha tan “filosóficas”. Espero que hayamos logrado producir algo tan bueno e interesante como la primera parte. Si le das a Corey un emplazamiento un par de semanas antes de rodar la escena, es capaz de crear algo muy creativo, y sabe jugar mucho con el atrezzo, que es el la clave de una buena escena de acción. Dimos con un par de localizaciones que nos gustaron mucho y pudimos escoger a los especialistas para lograr un equilibrio entre gente de buen aspecto y maestros del combate. Al escoger a los especialistas se puede subir el nivel de dificultad de las peleas porque todo está en los tiempos, en el ritmo y en la capacidad de reacción. Hay que ensayar mucho.

¿Cuál es tu pelea favorita?
¿Mis peleas favoritas? Me gustan todas. La acción es una pequeña parte de lo que hacemos, pero no podría escoger solo una. Sabía que me lo pasaría bien rodando la escena con El gigante, Sammy Schild, porque es un luchador de verdad, no es un especialista. Viene de Holanda, un país que nos ha dado algunos de los mejores kick-boxers del mundo. Menos mal que era una pelea falsa. Recuerdo que me dio una patada en el pecho un día –a un 5% de su capacidad real– y literalmente salí despedido. Pero es un gigante amable, un tipo muy majo. Me lo pasé muy bien rodando esa escena.

¿Qué debe esperar el público?
En esta película monto en bici, algo que aprendí a hacer de niño. El público que haya visto las otras dos películas notarán que ésta es bastante diferente. Hay un toque de romanticismo, que algunos odiarán y otros no tanto. La acción es completamente diferente. Luc Besson quería darle nuevos aires y desde luego que el ritmo es muy distinto. Pero el único juez con voz y voto es el público, así que ya veremos lo que opinan.

¿Y qué tal con Natalya Rudakova?
De nuevo, vuelvo a lo que decía anteriormente: Luc tiene una capacidad sorprendente para dar con caras nuevas. A esta chica se la encontró por las calles de Nueva York y ha sacado una interpretación brillante de ella. Uno de los compromisos que más nos tranquilizó fue saber que Luc se encargaría de rodar las escenas dramáticas y las secuencias con Natalya, así que eso fue como un sueño hecho realidad porque soy uno de los mayores fans de Luc Besson del mundo. He visto todas sus películas miles de veces. Todos respiramos más tranquilos sabiendo que dirigiría las escenas dramáticas, con su experiencia, sus conocimientos y su talento. Natalya y yo confiamos mucho en él y los resultados se ven en el celuloide.

Robert Knepper Transporter 3

-Robert Knepper-

¿Qué le atrajo de la película?
Me gusta interpretar a personajes opuestos, me encanta la ambivalencia, de hecho, así que me encanta que estemos haciendo esta entrevista en un lugar tan tranquilo, con un lago en el corazón de la naturaleza. A mi personaje, el Sr. Johnson, le contratan para limpiar los trapos sucios del gobierno. Si no se dedicara a negocios tan sucios, seguramente sería el clásico luchador que se pondría delante de la cámara para oponerse a los vertidos tóxicos o a las políticas gubernamentales. Es muy culto y sofisticado, pero también es un tipo muy peligroso, de ahí que le contraten para gestionar este tipo de trabajos sucios. Lo que me gusta de él es que lleva traje y tiene mucho buena percha, le encanta vestir trajes de buena calidad combinados con corbatas elegantes. Cuando se prepara para el día a día, todo él está ordenado e impoluto. Esto contrasta con su profesión, en la que debe lidiar con trabajos sucios, forcejear con gentuza… Es un asesino, pero siempre se esfuerza por darle a su país lo que necesita. Tiene un sentido extraño del patriotismo y siempre cree que está obrando por el bien de su país y del mundo en general. En la película parece bastante frío y violento, pero cuando no trabaja no es así, seguramente se dedique a hacer Tai Chi o Yoga o algo de eso, para relajar el cuerpo y la mente. Luego se centra en su trabajo, y no cesa hasta que termine su encargo, que no suele ser muy agradable. Se le respeta y se le tiene miedo, y él se esconde detrás de sus trajes y sus corbatas. En la película se ven ciertas cosas que hago para liberar energía negativa. Por supuesto, él habita en un mundo muy negativo y se mantiene a flote con pensamientos del tipo “Si mantengo las cosas en un estado Zen y me relajo, todo saldrá como lo he planeado, todo saldrá bien”. Al final de la película dice, ‘Odio la violencia, preferiría hacerlo de otra manera’. Pero claro, con eso lo que en realidad quiere decir es ‘Hay que hacerlo a mi manera’. Le gustaría un sitio como éste o incluso viviría en un sitio así. Los opuestos son muy interesantes, dan mucho juego.
No recuerdo cómo se llamaba, pero recuerdo el caso de un diplomático al que contrató el gobierno estadounidense para ir a Irak que cuando se bajó del avión parecía un empresario, como el Johnson de la película. Los trajes le quedan de muerte, siempre lleva ropa elegante, como si fuera un candidato a presidente del país, seguro que ha estudiado en Harvard o Yale… y mi personaje tiene además formación militar. Vi unas fotos suyas y lo que me gustó de él es que realmente parecía el típico empresario exitoso. El año pasado cuando rodé Hitman, recuerdo haber dicho que iba a basar mi personaje en Putin. Lo mismo me pasó con este personaje, de camino a Francia, en el avión, no me sacaba al tipo ése de la cabeza. Podía ser un diplomático que trabaja para cualquier país en el que Estados Unidos decida entrometerse. Le veía bajando del avión como si llegara a un acto político, para conocer a la gente y darles la mano.
También me centré en Hemingway, porque vi una foto suya en el periódico el día que llegué. Vi que tenía unos mechones blancos a ambos lados de la cabeza y pensé, “No recuerdo que Hemingway tuviera el pelo así, le recuerdo moreno y con el cabello un poco rizado”. Cuando preparo un personaje me centro en el lado físico y también en el emotivo. En el interior y el exterior. Me imaginé que había crecido en un aburrido barrio de las afueras en el típico pueblo americano, con una infancia normal y corriente. Un poco introvertido y callado porque sabía que había algo en él que le alejaría de ese pueblo. Cuando me llamaron y me dijeron que necesitaban una foto de carnet de Johnson les pregunté si podíamos poner también de dónde era. Es una persona y tiene una identidad, que probablemente haya cambiado varias veces, pero sabe de dónde es. Les dije que fuera de Wisconsin, de algún sitio en el centro de Estados Unidos. Hace años cuando vi la película The Doors, Val Kilmer tenía una escena en la que Jim Morrison se inventaba una historia sobre su procedencia. En realidad venía de un pequeño pueblo del centro de Estados Unidos, creo, pero en su cabeza se imaginó una historia fantástica sobre sus orígenes… Y se convirtió en esa persona… ¡a pesar de que era todo mentira! Creo que Johnson también se convierte en el personaje que crea. Intenté incorporar eso al papel. No llega al punto de llevar un pin con la bandera, pero creo que es muy patriótico y cree firmemente en que lo que está haciendo beneficiará a su país y a todo el mundo.

Interpretar al malo…
De nuevo vuelvo a recurrir al tema de los opuestos, ya sea en Prison Break o en Hitman o en esta película. Hace años estudié con el gran maestro Bill Esper que solía decirnos, “No se interpreta a un médico haciendo de médico, no se hace de malo haciendo de malo. Hay que pensar en él como el bueno”. Al dar vida a un personaje hay que creer en él y para eso hay que tomar conciencia de que está haciendo lo correcto. Si haces cosas que te parecen mal, no vas a poder vivir contigo mismo, y sin embargo vemos que este tipo de gente vive su vida tranquilamente haciendo su trabajo, sin suicidarse y sin hacer que les maten. Son capaces de justificar sus acciones. Éste es un tipo muy elegante, vuelvo a retomar el concepto del “diplomático”. Creo que se sentiría mucho más a gusto en una tertulia sobre un libro del siglo XVIII, no sacando la pipa para asesinar a los contertulios. Prefiere que el trabajo sucio lo haga otro pero si hay que hacerlo lo hace. Él prefiere mantenerse al margen. Me he centrado en ese carácter dieciochesco que tiene el personaje para jugar con el concepto de las oposiciones que he mencionado anteriormente.

Te gusta rodar filmes de acción
Lo que más me atrajo de este filme fue la pulsera bomba que tiene que llevar Frank. Es muy estresante, cuando se aleja demasiado del coche me dan ganas de ponerme a gritar “¡No! ¡Vuelve al coche! ¡El coche se va, tiene que echar a correr por la calle!”. No fue tanto mi personaje sino las cosas que tiene que vivir Frank. Me leí el guión en nada, me enganchó en seguida y no podía dejar de pasar las páginas a un ritmo frenético para ver si iba a lograr salir con vida. Es una narración muy tradicional sobre un tipo que intenta mantenerse con vida y se encuentra metido en un lío tremendo con un malo que le persigue. Así entiendo yo las películas de acción. Mientras leía el guión el corazón me latía a mil por hora y no podía dejarlo, tenía que seguir página tras página. Me divirtió mucho, así que esa fue la principal razón que me hizo trabajar en este filme. Además quería repetir con Luc porque ha hecho algunas películas buenísimas y produjo Hitman, pero nunca llegué a conocerle. Luc es genial, yo no le conocía, sólo sabía de él de oídas, pero cuando ya te pones a trabajar con él es alucinante. Luc ha trabajado mucho en esta película, el guión es suyo y pasó mucho tiempo con nosotros en plató durante el rodaje así que el resultado final lleva su sello personal. Es el rey de Francia en el mundo del celuloide, es el padrino del cine, pero también es un artista y se preocupa mucho por lo que pasa en todas las escenas y en cada uno de los momentos del filme. Cuando llegué la gente me decía, “Una de las diferencias entre los estadounidenses y los franceses es que los estadounidenses siempre están muy cerca, invaden tu espacio vital. Lo hacen por una sensación confianza que les hace pensar que pueden ponerse tan cerca del otro, pero los franceses no. Siempre dejan distancia entre ellos, no se abalanzan tanto”. Luc y yo siempre estamos muy cerca… tanto que podría besarle en la nariz cada vez que hablo con él. Tenemos mucha confianza, es genial.

¿Qué tal las peleas?
Cuando leí el guión sabía que esa especie de partida de ajedrez que están jugando los dos protagonistas acabaría en una gran pelea… ¡que es larguísima! Me intrigaba ver qué estilo de pelea sería y cuando me enteré de que Corey participaba en la película sabía que los combates se centrarían en la filosofía oriental. Estudié un poco de Tai Chi hace años, y recuerdo que se basaba en la imaginería animal así que visualicé a una mantis religiosa. Ya no recuerdo las posturas, pero me suena la forma de las patas de la mantis, su manera de andar y como se lanza antes del ataque. Pensé que ese estilo le venía como anillo al dedo a mi personaje y pensé que sería genial que utilizara esa ideología. Luego, cuando vi el estilo de lucha, eché la vista atrás y dije “Éste es Johnson en la primera escena del primer día, y aquí está en el clímax de la película con la pelea, y pensé en que la lucha debería dar cuerpo al personaje, no debería convertirle en un tipo totalmente diferente”. Si Johnson fuera un matón descerebrado, lucharía de otra manera, todo puños y fuerza bruta, lanzándose sin parar contra el contrario para desgastarle, echándole a un lado e intentando herirle a la vez que él se mantiene con vida. Pensé en la gente que pelea así, y en cómo saben expulsar esa energía negativa que sale de sus cuerpos como un susurro maligno. Hasta el momento en el que Johnson conoce a Frank, creo que sus otros encargos han sido peliagudos pero ésta sin duda es la tarea más difícil a la que se ha enfrentado. Frank le causa problemas a Johnson porque es un advenedizo y un chulito y creo que Johnson le respeta por eso. También le gusta que Frank conciba su trabajo igual que él, le gustan el orden y la precisión, no le gusta dar nombres, se mantiene al margen de las emociones y uno se imagina que es bueno peleando. Por eso, echar la vista atrás me permitió entender que Johnson empezó a sentirse incómodo y de repente un día se libera y dice, “No me voy a enfadar, no me va a afectar, voy a mantener la calma porque si dejo que me afecte, si empiezo a sentir emociones, no voy a poder luchar con la mente fría, y eso va a acabar afectando mi vida cotidiana. Por el contrario, si mantengo la calma, podré dirigir a la gente con la calma y precisión habitual…”. Olivier y yo hablamos de la película Última llamada y la manera en la que Kiefer Sutherland habla con Colin Farrel utilizando una voz tranquila y pausada, con un tono muy correcto. Johnson habla como si fuera muy erudito, es muy preciso, y frío, sin emociones. Así es su manera de enfrentarse a los negocios también. Como actor tuve que interiorizarlo, no es como otras veces en las que es muy divertido porque el personaje está tranquilo hasta que de repente estalla… Eso pasa a veces en este filme, pero por lo general es todo bastante Zen. Es como si repitiera un mantra “No me va a afectar, no me va a afectar, te voy a decir exactamente cómo me siento”. Es bastante irónico porque en realidad no siente nada, simplemente lo piensa. Es como una partida de ajedrez. Quería que en la pelea Frank sintiera que había dado con un justo contrincante, que sintiera que podía morir en esta pelea. Es como un combate entre dos gladiadores, dos espadachines y lo mejor de todo era saber que Corey estaba al cargo de la coreografía y que, por ello, no sería todo fuerza bruta sino que también sería una especie de reto mental.

Robert Knepper

¿Qué aprendió de Corey Yuan?
He aprendido que hay cosas que no soy capaz de hacer, como el Movimiento del Mono o la Patada del Mono. Creo que al final va al montaje final, pero utilizarán un doble así que tengo que agradecerle su trabajo desde aquí. El resto de la pelea la hago yo. Cuando me formé como actor trabajé mucho con las luchas cinematográficas, aprendí a aguantar puñetazos y a darlos, a moverme por el escenario o el plató, a estirar antes de estas tomas. Corey no tuvo que enseñarme demasiado. Me lo tomé como un baile; lo único que había que hacer era aprenderse la coreografía. Cuando Jason y yo teníamos ratos muertos ensayábamos, “A ver, volvamos atrás tres pasos. ¿Cómo era? Bloqueo, patada, empujón…”. Pero había uno de los movimientos, el del Mono, que era incapaz de hacer. Tenía que hacer una flexión y de repente levarme y darle una patada a Frank en las espinillas. Acabé diciéndole a Corey que utilizáramos un doble porque era incapaz. Los dos tíos que venían a ensayar la pelea eran alucinantes, estaban en una forma física envidiable. En la película parece que soy un gran luchador, seguro, pero esos tíos eran unos genios.
Las escenas de lucha son muy emocionantes, sobre todo cuando son tan largas como la de esta película. Tardamos dos días en rodarla y acabamos agotados. Al final de cada día de rodaje, Jason y yo nos mirábamos y decíamos “¡Madre mía!”. Acabamos bastante magullados, era inevitable. Teníamos muy claro que nos íbamos a hacer daño, es como estar en los Juegos Olímpicos. De repente te das cuenta de que tienes una increíble reserva de energía que te permite hacerlo una y otra vez. Te deja físicamente agotado y esa sensación es genial. Parecíamos dos niños pequeños. “¿Qué te apetece hacer hoy? ¡Vamos a pegarnos encima de un tren!”.

¿Qué opina de Olivier?
Olivier ha sido genial. Lo que más me gusta de él es su sinceridad y amabilidad… aunque parezca que pueda darte una paliza porque tiene mucha fuerza. Sabe muy bien lo que quiere, lo tiene todo en la cabeza y tiene unas opiniones muy fuertes. Afortunadamente compartíamos las mismas creencias. Le comprendo muy bien y ha sido un verdadero placer trabajar con él. Eso por no mencionar que cocina fenomenal. Para ser un buen cocinero hay que sentir la comida, hay que saber utilizar los ingredientes apropiados y saber cuánto echar de cada uno. Lo mismo pasa cuando dirige, sabe muy bien lo que hace, tiene los ingredientes y sabe combinarlos.

¿Y de Jason Statham?
Lo que me encanta de Jason es que se parece mucho a mí. Ha hecho películas muy buenas y conoce este personaje de pe a pa. Hemos trabajado muy bien juntos, nos respetamos muchísimo. Es muy bueno. El personaje le va como anillo al dedo.
Cuando leí la escena de nuestra pelea pensé “Tengo que crear un personaje creíble, no un matón que le pueda vapulear. Tiene que ser un oponente digo”. No podía acabar con Frank sin más, le tenía que poner las cosas difíciles. También quería que Jason pensara que sabía lo que me hacía, que viera que podía meterle caña. Cuando un actor se da cuenta de lo que eres capaz, cuando confía en ti como intérprete, lo único que hay que hacer es lanzarle la pelota porque sabes que la cogerá al vuelo y te la devolverá.

¿Televisión o cine?
Estoy acostumbrado a trabajar a toda máquina, a los ritmos frenéticos que requiere la tele y según me hago más mayor y tengo más experiencia no lo pienso tanto, simplemente hago lo que me piden y punto. Las cosas más increíbles pueden surgir en cualquier momento. La experiencia te permite trabajar así, sabiendo que de vez en cuando surgen estas pequeñas cosas y hay que confiar en la capacidad interpretativa de cada uno, pero a veces también surgen simplemente de tener que trabajar a todo trapo. Uno de los elementos más importantes es la velocidad mental, la predisposición mental de cada uno al llegar al trabajo. Eso lo aprendí de algunos de los magníficos actores con los que he trabajado. Hay que dejarse las inseguridades y los malos rollos en casa, en el plató no se pueden tener frustraciones porque acabarán afectando a todo el mundo. No hay que ser físico nuclear para hacer nuestro trabajo.

Una respuesta to “Transporter 3: entrevistas con Jason Statham y Robert Knepper”

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