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Confianza Ciega: entrevista a Étienne Chatiliez

Marzo 27th, 2007

Su fama comenzó a labrarse en los César, en los que fue nominado varias veces como mejor director de anuncio. Los mismos premios que, con 10 nominaciones, le han confirmado como un gran director de actores, desde que debutase en el largometraje con la Vida es un Largo Río Tranquilo.
Étienne Chatiliez es un director de esos que nos muestra lo más cotidiano, las alegrías y miserias con las que nos cruzamos cada día en la calle sin darnos cuenta.
Tras ¿Qué Hacemos con la Abuela o la Alegría está en el Campo, lo último que vimos en España de este director fue Tanguy ¿qué Hacemos con el Niño?. Ahora nos presenta Confianza Ciega, su película más reciente.

El film trata sobre una pareja, Chrystèle (Cecile de France) y Cristophe (Vincent Lindon) que, pese a ser unos truhanes de mucho cuidado, aprenden a confiar el uno en el otro cuando el amor surge entre ellos… ¿o no?

Veamos que nos cuenta Chatiliez sobre la película:

Confianza Ciega, sólo con este titulo ya reconocemos su firma: decir algo que expresa lo contrario…
El título se impuso de manera natural después de trabajar a fondo sobre los dos personajes. Christophe y Chrystèle son dos seres que no confían en nada ni en nadie, del 1 de enero al 31 de diciembre, que traicionan a todo el mundo porque la sociedad no ha previsto nada para ellos. No han tenido ninguna formación y sólo pueden contar con sus propias fuerzas. No calculan, no premeditan nada. Sólo saben que nadie les dará nada, por eso, cuando algo bueno les pasa por delante, se sirven. El colmo, evidentemente, es que ni siquiera confían el uno en el otro…

Confianza Ciega¿Cómo nace la idea de Confianza Ciega?
Hace tres o cuatro años, Vincent Lindon me llamó y me dijo: “Tengo ganas de trabajar contigo“. Hasta entonces, siempre que me habían hecho esta proposición – cosa que no me pasa muy a menudo – me había entrado el pánico y, para no caer en ninguna trampa, por norma siempre había contestado que no. Pero esta vez, pensé que quizá había llegado la hora de evolucionar un poco. Quedamos para comer y le pregunté qué tipo de personaje le gustaría interpretar. Me dijo: “Un cirujano con abrigo de cachemire y un Safrane, un empresario, un abogado…“. Como soy el espíritu de la contradicción, pensé: “Pues vas a ser un camareta”. Y así empezó todo. Después, se me fue ocurriendo que el camarero tendría mujer, que trabajarían juntos y, poco a poco, la historia fue tomando forma…


Christophe y Chrystèle forman una pareja cuando menos chocante…

Tengo mucho respeto por los humildes, los tarados, los simples, los tontos del pueblo, por los que están en lo más bajo de la pirámide social, que no saben nada pero, de repente, te disparan grandes verdades a bocajarro. Poseen este buen sentido, esta especie de inteligencia que sale directamente de los huesos y puede resultar sorprendente. Por muy opuestos que parezcan, creo que no hay mucha diferencia entre Christophe y Jean d’Ormesson. Christophe y Chrystèle son animales, son primates, no han recibido ninguna educación. No tienen sofisticación alguna, ninguna norma de urbanidad, nadie ha metido un disquete en su ordenador. Teniendo en cuenta sus orígenes, podríamos esperarnos que se convirtieran en Mesrine, o en Arlette Laguiller, que se convirtieran o en bandidos o en militantes sociales. Pero son incapaces. Nunca militarán en nada. No tienen ninguna conciencia social ni política, no saben ni lo que eso significa. En cuanto a su manera de ser delincuentes ¡es tan limitada! Se conforman con aliviar a los muy ricos, a esos que, teniendo en cuenta lo que les roban, no les va a cambiar la vida por el hurto. Son incapaces de ninguna premeditación. Su funcionamiento se sitúa casi a nivel del acto reflejo: hay una cosa ahí, la roban y se largan corriendo. El asalto al tren postal no lo conseguirían ni aunque dieran clases nocturnas durante veinte años. Su mejor baza es que no saben nada y son capaces de servirse cuando la vida pasa por delante de ellos – y sus deseos son muy fáciles de satisfacer –. Les resulta muy sencillo estar de buen humor y disfrutar de la vida. No se plantean nada. Y son felices.

¿Cómo se explica el interés recurrente que siente por esos dos universos: los ricos y los pobres?
Pasé la infancia en el Norte de Francia. Es una región en la que coexistían esos dos mundos: los burgueses por un lado y los pobres de los caseríos de mineros, por el otro. Siempre me han gustado los dos y creo que me quedaría eternamente entre dos aguas, no puedo optar por ninguno: me encantaría ser el burgués de los pobres y el izquierdista de los burgueses.

Confianza Ciega

Aunque encontremos muchos elementos recurrentes de su universo en Confianza Ciega, la gran diferencia con todas sus películas anteriores es que ésta narra una historia de amor…
Es cierto que esta vez he cambiado algo de registro. Ya no tengo la misma a edad y cada edad tiene sus propios placeres. Me parece muy patético intentar reproducir lo que hemos hecho unos años antes porque el único interés de la vida reside en evolucionar, en cambiar. Dicho esto, hacer una historia de amor no es que sea tampoco lo más original del mundo. Lo que me divertía era utilizar la película para rendir honor y gloria a los más pirados. Porque el objetivo, evidentemente, es que al final de la película, después de haberse reído a placer de Christophe y Chrystèle - que actúan como auténticos animales -, el espectador empiece a pensar que quizá son más humanos que él.

¿Qué tipo de actores son?
Son muy distintos, tanto por carácter, origen, como por la forma de interpretar, pero tienen en común su sentido del trabajo. Ambos saben que el talento no basta, que la suerte no basta, que también hay que trabajar, y eso es lo que hacen. Existe entre ellos una complementariedad y una estima recíproca. Vincent es un actor que se implica mucho y tiene una precisión alucinante. Mira a la diana y, cada vez que lanza una flecha, va directa al centro. Haber aceptado ser este magnífico cretino y hacerlo con casi nada, es estupendo. Con él, todo es ligero, discreto, sensible, nunca hay nada grosero en su interpretación, su personaje está muy bien interiorizado, es como en el patinaje artístico, lleva la carga sin que se note el esfuerzo. Chrystèle no podría hacer lo que hace sin el trabajo de Vincent. Cécile, por su parte, entendió muy rápido el personaje. Cécile es belga, yo soy del Norte. Y gente como la que vemos en Confianza Ciega hay más en el Norte y en Bélgica que en la Provenza. Cécile y yo no hemos vivido en los mismos lugares en la misma época, pero nuestras miradas se han posado en el mismo tipo de gente. Cuando empecé a hablarle de este universo, del personaje, me dijo al instante: “Ya veo como es“. El primer día había entendido perfectamente hacia donde tenía que ir. De repente, en el rodaje, tenía los zapatos correctos, las piernas correctas y las mañas necesarias cuando todo se ponía cuesta arriba. Sólo tuvo que ayudarse adoptando un acento. Era su bastón de peregrino para no ser ella misma. Está absolutamente genial en la película. Aunque sea muy joven, tiene un talento y un oficio increíbles.

Confianza CiegaEntre Christophe y Chrystèle, es claramente ella la que domina…
Como en la vida misma… Siempre he tenido la impresión de que la mujer representa la decisión - es ella la que decide en muchos aspectos - y el hombre representa la autoridad, o al menos eso es lo que necesita creer…

En Confianza Ciega, encontramos casi todos sus temas preferidos: los ricos y los pobres, Paris y provincias, la usurpación de la identidad… ¿Le parece que su universo se va perfilando de película en película?
Lo primero que busco es ser honesto conmigo mismo. Durante mucho tiempo me he preguntado por qué hacía películas, por qué yo, por qué los otros. Siempre dudaba de mi legitimidad. Y al final, he ido dejando de hacerme preguntas. Me he dicho: hablo de lo que me toca la fibra y ya veremos si toca la fibra de los demás. La confianza ciega es, sin duda, la película en la que he metido más cosas en las que creo, la película en la que me he escondido menos. Pero, vuelvo a repetir que cada edad tiene sus placeres. A veces, miro qué hora es y pienso: ¿Ya hemos llegado hasta aquí? Tengo la impresión de haber empezado ayer, hago muy pocas películas. Sigamos adelante. El otro día leí una frase de Almodóvar que decía: “Cada vez me apetece menos inspirarme en lo que viene de fuera, y más en lo que viene de mí“.

Su trabajo nos recuerda a veces al de un retratista. Confianza Ciega, como sus películas anteriores, puede verse como una especie de crónica de la sociedad francesa. ¿Dónde encuentra sus fuentes de inspiración?
Hago como todo el mundo: miro, escucho, observo. Al principio quería ser pintor, precisamente para hacer retratos. El problema es que los modelos no se parecían a lo que el pincel pintaba… De hecho, es con el cine como consigo traicionarlos lo menos posible, ser fiel a lo que he podido observar. No siempre funciona, todavía hay cosas que se me escapan, pero ya está, empiezo a controlar mejor las cosas. Es verdad que se pueden ver mis películas como una galería de retratos. Me encanta. Es evidente que Christophe y Chrystèle no han salido de un sombrero de copa, llevan mucho tiempo madurando. Cuando miro las libretas en las que escribo algunas chorradas de vez en cuando, sé que me gusta ese tipo de gente. En mi norte natal, en el instituto público en el que estudié, había una enorme mezcla social. Sin ser ricos, lo éramos mucho más que muchas otras familias. Cuando le decía a un compañero: “Vamos a tu casa” y me decía: “No, a mí casa no“, le seguía con la bici, veía donde vivía y entendía porque no quería que fuéramos. Son cosas que te marcan y que te llegan muy dentro. Lo que realmente me interesa es la gente.

En Confianza Ciega, hay una gran dosis de humor ácido. Por ejemplo, cuando la madre de Chrystèle se queja de que, desde que a su hija mayor le han salido “tres pelos en la ciruela“, su padre se la come con los ojos. ¿La provocación es para usted un motor esencial?
Los provocadores son tímidos que empiezan por provocarse a sí mismos. Al primero que choca la escena que acaba de contar es a mí. Esta expresión “tiene tres pelos en la ciruela”, la escuchamos Laurent y yo en un programa de televisión, Strip-Tease para ser exactos. Cuando escuchas una frase así y estás trabajando sobre el tema del incesto, no te puede dejar indiferente. Pero una vez más, soy al primero que le choca. Alguien totalmente liberado no escribiría nunca eso, porque se siente a gusto con todo.

Vincent Lindon y Cécile De France

¿Sabe dónde está el límite? ¿Practica la autocensura?
Cuando flirteamos con lo prohibido, el peligro, obviamente, es pasarse de la raya, es decir, dejar de ser divertido. El humor es un arma extraordinaria que sirve para que la gente baje las defensas y, gracias a la risa, admitan algo que no admitirían de otra manera. Pero esta arma puede volverse contra nosotros si la manipulamos mal. El riesgo siempre está ahí, eso es lo que le da valor. Me acuerdo de un espectáculo de Pierre Desproges en un escenario en el que hacía chistes sobre los campos de concentración. Al principio del espectáculo, la gente se partía de risa y, luego, cuando se centraba en el tema, notabas como se crispaban las mandíbulas, algunos no sabían si salirse de la sala. A partir de ahí, todo el trabajo de Desproges consistía en recuperar al público y devolverles el buen humor. Me parece un trabajo admirable. Un tipo que se atreve a subirse solo a un escenario y no se arriesga, no se merece el puesto que ocupa. Siempre tiene que haber un peligro en el humor. Provocar por provocar carece totalmente de interés.

El éxito de Confianza Ciega también reside en todos los personajes secundarios para los que, una vez más, ha encontrado a los actores perfectos. ¿Cómo elige usted a los actores y cómo trabaja con ellos?
En primer lugar, me tomo mi tiempo para hacer la selección. Quedo con ellos, hablo con ellos. Trato de ver si somos de la misma familia, si estamos en la misma longitud de onda. No siempre es fácil: alguna vez me he equivocado de cabo a rabo al confundir la personalidad de un actor con el personaje que había escrito. En ese caso, no puede salir bien, porque ya no hay posibilidad de ningún juego. Me gusta trabajar con los actores. Se me da bastante bien conseguir que entiendan dónde quiero ir. Y, aunque soy muy exigente hasta en las entonaciones, creo que, en general, están bastante contentos conmigo. Siempre comparo el trabajo del actor con un descenso en slalom: cuando las puertas se van abriendo una tras otra, con fluidez, es algo extraordinario. Puro placer.

Encontramos en la película a dos intérpretes que repiten, André Wilms que interpretaba al Sr. Lequesnoy en La vida es un largo río tranquilo y a Eric Berger, el protagonista de Tanguy. Ambos tienen papeles opuestos a los de las películas anteriores.
Es pura casualidad, no era realmente mi intención darles un “contrapapel”. El personaje del padre de Chrystèle, quería que diera miedo, no por su aspecto físico, sino por lo que rondaba en su cabeza. Como conozco a André desde hace tiempo, sabía que era capaz de hacerlo. A partir del momento en el que aceptó hacer ese papel absolutamente terrible, no iba a privarme de todo su talento. El caso de Eric Berger fue diferente. Me encanta su manera de actuar, que es de una finura increíble, y tengo la impresión de que el público no lo apreció en Tanguy, como si hubieran confundido al actor con el personaje. Me había quedado con esa espinita clavada. Pensé en él para interpretar a Ludo y no me arrepiento, está grandioso. Para crear el personaje de Ludo, me inspiré en alguien al que conocía muy bien: en mí mismo. Es legal, algo atolondrado, un tío como dios manda, obsesionado con los horarios, respetuoso con las normas, etc. He terminado sabiendo, poco a poco, quien soy y, a través de Ludo, me río de mí mismo. Es mi caricatura.

Confianza Ciega

Es su primer trabajo con Anne Brochet
Conocí a Anne es una fiesta. Gracias a ella, me han entrado ganas de ser un poco más contemporáneo. Le conté como era el personaje de Perrine, optimista y generosa por naturaleza, convencida de que la vida es bella, sin ser católica ni nada, y funcionó muy bien. Anne tiene una manera de actuar muy personal y especial. Doy gracias al cielo por haber ido a esa fiesta.

Viendo Confianza Ciega sentimos algo muy constructivo y, al mismo tiempo, muy libre, tanto a nivel de guión como de puesta en escena.
Nunca he sido muy bueno con la cámara. Me gusta mucho la puesta en escena, me gusta mucho el trabajo con los actores, pero hasta Tanguy no sabía muy bien cómo rodar las imágenes de safari. Observando a Woody Allen me decidí por utilizar la steadycam. Prácticamente la totalidad de las imágenes de Confianza Ciega se han rodado con steadycam y, por ende, en plano secuencia. Esto no sólo me ha liberado completamente de esta pesadez gramatical que termina haciendo mella en el plató - plano / contraplano, transiciones, planos generales / primeros planos, etc. – sino y sobre todo, este sistema permite a los actores hacer toda la escena, de un tirón, juntos y ya no uno y luego el otro. Recuperamos las condiciones del directo y esto es bueno para todos. Los actores se implican más de manera colectiva y no actúan igual. Este sistema aporta un dinamismo, una libertad y un realismo extraordinarios.

En su equipo hay mucha gente con la que trabaja desde hace mucho tiempo. ¿Es importante esta fidelidad?
Sí, claro que sí. Como no soy lo bastante inteligente, me gusta estar rodeado de personas que reflexionan sobre el fondo de las cosas. Respeto la inteligencia de alguien cuando se centra en el fondo y no sólo en la forma. Nunca he trabajado con alguien por la gente con la que va o por su curriculum.

¿Cómo entró en contacto con el músico Matthew Herbert con el que firma su primera colaboración?
Le conocí por su trabajo en la película de Blanca Li, El Desafío. Me pasaba el día escuchando la banda sonora hasta el día en que me decidí a llamarle a Londres, donde vive. Le conté la película y, a pesar de la barrera del idioma, entendió en un abrir y cerrar de ojos quienes eran Christophe y Chrystèle. Me dijo: “Son como el Gordo y el Flaco” y, de hecho, la música que ha compuesto es casi de película muda. Ha trabajado sobre el fondo de la historia y estoy muy contento con el resultado. Matthew es un superdotado, es el Kubrick de la música.

¿Cuál ha sido su evolución desde La vida es un largo río tranquilo?
Me gusta hablar del país en el que vivo y de las gentes que lo habitan. Eso es todo lo que puedo decir.

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