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Alek Keshishian, director de Amor y Otros Desastres

Agosto 28th, 2007

La Celestina que empareja a sus amigos pero no es capaz de encontrar a su propia pareja ni aunque la tenga delante de sus ojos. Ese es el papel que interpreta Brittany Murphy (Sin City) en Amor y Otros Desastres, una comedia romántica dirigida por Alek Keshishian, y en la que también participan Matthew Rhys (Cinco Hermanos) o Santiago Cabrera (Héroes), además de la participación especial de Orlando Bloom y Gwyneth Paltrow.

Keshishian es un director de videoclips y anuncios, que tuvo su gran oportunidad cuando estrenó el documental En la Cama con Madonna, la que siguió Un Intruso en Harvard antes de desaparecer del mundo del cine durante nada menos que 12 años.
Ahora vuelve con esta coproducción europeo-americana, que pretende alejarse de los tópicos del género y ofrecernos un film de amor, pero con un toque distinto.

Veamos lo que nos cuenta el director sobre la película en esta entrevista:

Amor y Otros Desastres¿Qué es lo que más le atrae de las comedias románticas?
Aunque se trata de un género que suele mirarse con cierto desdén, me parece fundamental como fuente, o al menos como reflejo de la forma en que solemos imaginar el amor. Aunque sabemos que no son realistas, este tipo de películas alimentan una especie de ideal, una idea (falsa) de que el amor es algo que nos llega de repente en lugar de algo que debemos escoger.

¿Cuál ha sido para usted el mayor reto vinculado a este género?
Quería hacer una película que funcionara y que al mismo tiempo fuera una auténtica película de género; que cumpliera bien su cometido de entretener pero que aprovechara sus propios clichés para reflejar una sensibilidad postmoderna. El reto consistía, evidentemente, en encontrar el equilibrio entre estos dos objetivos, a menudo contradictorios. He intentado que sea una película que pueda verse como una comedia romántica apreciando a la vez sus artificios y sus límites.

¿De dónde surgió la decisión de recurrir a unos personajes menos clásicos?
El objetivo respecto a los personajes era, efectivamente, hacerlos lo más originales posible. Actualmente, da la impresión de que las comedias románticas de Hollywood se empeñan en construir personajes planos. Parece que los estudios piensan que la mejor manera de que sean lo más universales posible consiste en despojarlos de cualquier excentricidad, volverlos “típicos”. Yo pienso todo lo contrario, creo que el público tiene muchas más posibilidades de identificarse con personajes únicos y memorables.

¿Le parece que, desde el punto de vista amoroso, la gente tiende más a vivir en un mundo de ensueño y fantasía que en la realidad?
Aunque no quisiera generalizar, sí puedo decir que al menos mi gran problema es que tiendo a mezclar los dos… El problema, cuando vives en la fantasía, es que eso te impide tomar contacto con la realidad y participar de ella. De la misma manera, quedarse anclado en la realidad también puede limitarte. Creo que el objetivo último consiste en lograr combinar los dos, en ser capaz de soñar locuras y al mismo tiempo vivir a fondo en la realidad.

Brittany Murphy en Amor y Otros Desastres¿Qué método siguió para elegir el reparto?
Empecé por buscar primero a la actriz que encarnaría a Jacks. Cuando la hube encontrado, el resto del reparto encajó como las piezas de un rompecabezas. Los actores no sólo debían interpretar bien a su personaje, sino también funcionar bien entre ellos. Esperaba reunir a un reparto que fuera capaz de dar vida de manera creíble a un grupo de amigos.

Resulta muy original terminar la historia con una película dentro de la película, con Orlando Bloom y Gwyneth Paltrow como protagonistas…
El final de la pelÃŒcula fue para mí la parte más complicada, porque quería encontrar el equilibrio perfecto entre dos objetivos: realizar una comedia romántica correcta y al mismo tiempo burlarme de los finales típicos del género, siempre tan felices y pulcros. El final que hemos elegido permite al espectador, o al menos esa ha sido mi intención, recibir lo que esperaba y al mismo tiempo reírse de la superficialidad de dicha espera. Habrá quienes se pregunten: “¿Y por qué no prescindir simplemente del final feliz?”. Pero yo creo que así se habría perdido el objetivo. Lo que me interesaba era reconocer, no sin cierta culpabilidad, el encanto que tienen estas historias y sus finales felices, pero sin olvidar que se trata sólo de ficciones…

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