Death Proof, o como partir de Russ Meyer para hacer una cosa muy, muy personal
Septiembre 9th, 2007
Cada película que pasa Quentin Tarantino deja más claro que es uno de los más grandes escritores fílmicos de los últimos años. Y lo hace hasta en sus obras menos importantes. Esto es lo que sucede con Death Proof, película que me niego a llamar “menor” porque tiene muchos elementos que rayan a una gran altura pero que no es tampoco una de sus obras cumbres.
Y no lo es porque no tiene la redondez de Pulp Fiction, aunque por la misma naturaleza de la película las aristas tenían que estar presentes: Grindhouse es un proyecto que pretende hacer de las constantes del cine más cutre de los setenta virtuoismo. Y claro para ello eran necesarias las aristas, desde las transiciones bruscas entre plano y plano a el hoy desterrado zoom.

Sigo pensando, como ya comenté con motivo de Planet Terror que el programa doble con los trailers le habrían sentado muy bien a ambos títulos. Si los veinte minutitos extra de la película de Rodríguez le pesaban, lo mismo sucede con Death Proof, que puede hacerse larga en algún momento justo antes del vibrante desenlace.
Al espectador atento del cine de Tarantino no se le escaparán en Death Proof detalles de su cine anterior, concretamente de una película aparentemente tan lejana a esta como Reservoir Dogs. Encontrará fácilmente reconocibles las conversaciones circulares de cafetería o el macabro baile de Michael Madsen en esta.
Huelga decir que la estética setentera está conseguidísima, pero a mi personalmente lo que más me divierte es que los personajes de Death es que son personajes setenteros entre IPods, coches actuales y SMS. Bichos raros como el propio Tarantino y sus colegas.

Curiosamente esta película tan de Austin, Texas, es la más europea de las películas de Tarantino. Los diálogos cotidianos made in Quentin se llevan en esta película hasta las últimas consecuencias, haciéndose casi tan protagonistas como la misma historia, como si fuera un francés quien rodara, y la estructura, lineal por una vez, renuncia a la típica planificación de Planteamiento, nudo y desenlace. Creo que no estamos sólo ante un divertimento de Tarantino, estamos también ante un interesante experimento.
Personalmente si Planet Terror me pareció un homenaje muy divertido Death Proof me parece una obra en si misma que trasciende el homenaje a las pelis de chicas o persecuciones de nuestras madrugadas pasadas, me parece un monumento a la forma cinematográfica. Comprendo que falte fondo, que el arquetipo, el encuadre y la música magistrales no alcanzan para que Death Proof sea una obra maestra. Death Proof es por ello postmodernismo destilado, un exceso que agradará y espantará por igual, pero lo que es seguro es que Death Proof es puro cine.
