En un Mundo Libre, una de Ken Loach
Una de las imágenes que tengo grabadas como icono de la pobreza es la de un grupo de mexicanos en Los Angeles, charlando en la calle, a 200 metros de la estación de autobus que les llevase de vuelta a Tijuana al finalizar el día. Estaban allí esperando que viniese alguien, cualquiera, a ofrecerles unas horas de trabajo.
Alguna imagen parecida ha movido a Paul Laverty, inseparable colaborador de Ken Loach durante la última década, a afrontar el tema de la subcontratación de inmigrantes en el Reino Unido. Gente de Europa del Este, Sudamérica, Asia… que viaja a las islas en busca de una vida mejor, encontrando trabajos basura, miseria, y una vida en absoluto fácil.
Es un mundo que va desde las mafias organizadas a las empresas de trabajo temporal. Laverty, no obstante, ha preferido contarlo desde un punto intermedio, a medias entre la legalidad y la ilegalidad, que es el que nos ofrecen Angie y Rose, dos compañeras de piso que deciden montar su propia agencia de empleo.
Poco a poco asistimos a la corrupción de la idea inicial. Lo que era un negocio para ganarse la vida a la vez que se ayudaba a los inmigrantes, se convierte en un negocio de explotación oscuro, que trae además graves consecuencias a la vida de las chicas, bien interpretadas por la debutante Kierston Wareing y la hasta ahora televisiva Juliet Ellis.
¿Y qué decir de la película? Loach y Laverty no quieren sorprendernos con cada película, sino volver a hacernos pensar. En esta ocasión sobre un sistema económico, el británico, sostenido cada vez más en los contratos basura, en la mano de obra barata, y que ya empieza a contagiarse a otros países europeos. Sin moralismos, porque no se trata de buscar buenos y malos (de hecho los protagonistas tienen su lado amable y su lado egoísta, a Loach nunca le gustaron los personajes planos), sino de que evaluemos la situación, y busquemos soluciones.
Por lo demás, es “una película de Ken Loach”. Uno ya sabe que se va a encontrar con ambientes de extrarradio, actuaciones realistas, crítica social, algún momento de esperanza… a estas alturas el director ha entrado en ese grupo de directores de factura uniforme, cuyo estilo es un valor seguro (a seguir o evitar, según el gusto del espectador).



