This is England, entrevista con Shane Meadows
Shane Meadows es un cineasta inglés, que a diferencia que la mayoría del cine británico que llega a nuestro país, está más interesado en las zonas obreras y rurales de los Midlands que es las historias que transcurren en las grandes ciudades. Destacó con su pseudo-western One Upon a Time in the Midlands, que le convirtió en uno de los autores más interesantes del cine británico actual.
Luego vendría Dead Man’s Shoes, y ahora Meadows vuelve con This Is England, con la que ya ha ganado el Premio a la Mejor película Independiente de los British Independant Film Awards. Ambientada a principios de los 80, nos cuenta como un niño cuyo padre falleció en Las Malvinas se introduce en un grupo de skinheads. A través de sus experiencias, conocemos un poco de la sociedad inglesa de la época, el movimiento skin, y refelxionamos sobre el estado del país en aquel momento.
El propio Meadows vivió muy de cerca todo aquello, como nos desvela en la siguiente entrevista:
This Is England es otra película más realizada fuera de Londres. ¿Resulta difícil seguir haciendo eso?
Supongo que el sueño siempre ha sido poder existir fuera de Londres. Evidentemente el mundo del cine hace 10 años, cuando yo empecé, era completamente distinto. Para reunirse con alguien del equipo o del reparto, por un tema de trabajo, implicaba siempre ir a Londres. Pero eso ha cambiado dramáticamente. No se puede existir completamente aislado de lo que está pasando en Londres, pero las cosas sí han cambiado mucho. A nivel técnico, yo puedo montar en casa. Los ordenadores, comparados con lo que eran entonces, no tienen nada que ver… No hace falta alquilar un sistema grande en Londres. Y a nivel de casting, ahora tengo películas en mi haber, tengo un equipo de personas con las que puedo contar, y con las que trabajo una y otra vez. Evidentemente no puedes dar a alguien un papel para el que no es apto, pero estamos empezando a tener un conjunto de personas que responden muy bien a nuestras necesidades. Para mí fue muy importante conocer a Mark Herbert, de Warp Films, porque su idea era llegar a tener su base en Sheffield. Así que he encontrado un alma gemela en Mark. Luego hay relaciones como la que he tenido con Andrew (Shim) y Vicky (McClure)… Pero si miras los nombres de las personas que trabajan conmigo en mis películas verás que son los mismos que aparecen a lo largo de mi carrera como cineasta.

Así que ¿para ti ha cambiado para mejor? ¿Te has hecho más independiente?
Completamente. Soy, evidentemente, por encima de todo, un cineasta británico, pero si queremos ser muy precisos siento que mi voz es una voz de los Midlands, fuera de Londres. Evidentemente, a la hora de buscar financiación, hay que ir allí y entrar en el juego. Pero es una sensación muy distinta. Uno, de verdad, se siente independiente. En Londres, hay miles de personas en el negocio de hacer cine, mientras en Nottingham o Sheffield, habrá seguramente menos de cien. Por lo tanto no estamos hablando de miles de personas luchando por conseguir el mismo dinero y los mismos trabajos. La otra noche salí, en Nottingham, y he podido percibir que hay una comunidad de personas realmente buena, que se apoyan mucho unos a otros. Nada de cuchilladas en la espalda, nada de alquileres muy altos, ni de costes exorbitantes, nada de grandes tensiones. Aquí, somos cineastas independientes, y existe un bonito sentido de la camaradería.
Pero ¿consideras que This Is England es una historia específicamente de los East Midlands?
Quizá, más que las otras películas que he hecho hasta ahora, sea la más difícil de catalogar. He hecho tres películas sobre Nottingham, pero This is England y Dead Man’s Shoes son cada vez menos específicas e identificables. El título, This is England, ya lo dice. Es una película mucho más atrevida. Aunque para hacer una película que plantea grandes cuestiones hay que tener personajes que cautivan. Yo sabía que ésta sería una película que iba a plantear grandes cuestiones, pero no podía perder de vista la caracterización que ha habido en todas mis otras películas. Sí sabía desde el principio que ésta sería algo distinto; ya no se trata tanto de un microcosmos. No se trataba simplemente de que hubiera gente procedente de todos los lugares. Quizá, de lo que he hecho hasta ahora, sea lo más parecido a una película política.
Evidentemente, la inclusión de lo de las Malvinas subraya eso. ¿Aquello te impactó mucho cuando eras pequeño?
Ese tema sigue muy vigente hoy. Como adulto, miro hacia atrás ahora, hacia quién llevaba las riendas del país en aquel momento. Cuando empiezas a ver imágenes de archivo de los años 80, te das cuenta de que Thatcher era la primera en saber utilizar los medios para sus fines. Acudía a las zonas de viviendas protegidas de las clases obreras, entraba en las aulas y jugaba en los ordenadores con los niños. No recuerdo que nadie hubiese hecho eso antes. Ella sí hizo eso con mucho acierto. Y lo de las Malvinas, cuando miras las imágenes de archivo, y ves la campaña orquestada a medida que subían las cifras del paro, hasta alcanzar los tres millones y medio de personas, te vuelves muy suspicaz, te preguntas qué pintaban allí nuestros militares peleándose con niños argentinos de 16 años. Era una guerra abierta a todo tipo de sospecha, de la misma manera en que EEUU e Inglaterra se han metido en Irak. La gente puede ver eso ahora. Claro que había más gente en contra de meterse en Irak que gente en contra de meterse en las Malvinas… Pero la vergüenza que siento como británico es tremenda. Además, en los medios trataron ese tema como los mundiales de fútbol. Al igual que cuando Inglaterra inicia unos mundiales se ven Union Jacks por todas partes, en las portadas de los periódicos las cosas tenían esa pinta. He podido acceder a imágenes de archivo de ITN – imágenes que en su día no se vieron en televisión – imágenes de las personas contra las que estábamos en guerra, y da vergüenza. Era abusivo. Realmente horrible. ¿Como pudimos sentirnos tan orgullosos de haber “ganado” aquello? Era como poner en el ring a un niño de siete años con Mike Tyson… Así que en esta película, esa idea estaba siempre allí, como trasfondo: las raíces de aquel racismo tan terrible, de aquel abuso, de aquella violencia que existe en el fondo de alguien, también puede estar allí, innata en una nación, sin que lo sepamos.
Irónicamente, es Combo, la figura racista de la película, quien se manifiesta en contra de la guerra en la película. No es para nada el estereotipo del skin…
Como muchas personas de esa índole, Combo es una persona muy afectada y muy perjudicada por su propia vida. Lo que suele ocurrir con personajes así es que no son redondos, pero en mis películas la gente suele aportar sus propias historias a la película. Stephen Graham, que interpreta a Combo, es el producto de dos razas distintas. Tiene una abuela sueca, un abuelo jamaicano, y hermanos que parecen negros, pero Stephen tiene la piel muy clara. Así que cuando le ofrecí el papel, me llamó una noche, a la una de la madrugada, echando pestes. Dijo: “Me has pedido interpretar el papel de un facha de la extrema derecha. Pero he de decirte que mi padre es negro.” Yo no lo hubiese podido imaginar.
¿No lo sabías en ese momento?
Ni idea. Y como no era tan oscuro de piel como sus hermanos, no sabía si encajaba bien. Y me pareció muy valiente por su parte sacar el tema y utilizar esa complicación para el papel. Así que si miras bien esa secuencia entre él y Milky al final, sabiendo lo que acabo de decirte, sabiendo que eso era lo que estaba pensando, puedes ver los celos en sus ojos. Está celoso porque el tipo es negro.
Antes de ver la película me esperaba algo muy ajetreado, estilo Neo-Nazi…
Sí, todo el mundo esperaba algo entre The Footbal Factory y Romper Stomper. La violencia en la película no tiene su origen en el hecho de que ellos sean skins. La violencia tiene que ver con la tortura personal. Al fin y al cabo, el aspecto skin de la película es lo que yo quería que fuese, es decir, mostrar a los skins tal como realmente eran, tal como yo los ví desde dentro. Básicamente como una cultura que abrazaba el Ska-Trojan-Reggae, que fue evolucionando a lo largo de los 80, desde el Oi-music hacia bandas como Screwdriver, que fueron adquiriendo esa aureola de poder blanco. Por lo tanto es fácil ver cómo los chicos jóvenes pudieran ir entrando en todo aquello… Muchos de los que se hicieron skins no entendían de dónde venía el fenómeno. Pensaban que siempre había sido una cosa racista. Los años ochenta eran todavía una época en que los skins que yo frecuentaba sí entendían de dónde venía. Sabían que eran la segunda ola de skins y sabían que no eran los skins originales del año 69, pero querían ser fieles a aquel espíritu. Siempre había sido una cosa obrera. De donde yo era, no había skins de clase media. Todo el mundo pensaba que las clases obreras estaban jodidas, pero nos sentíamos muy orgullosos de ser de la clase obrera y llevábamos el equivalente de botas obreras, vaqueros, una camisa blanca y tirantes, que todos nos podíamos permitir, y pensábamos que con eso íbamos a crear una imagen de algo poderoso. Así que, como niño, me atrajo esa idea y eso me hacía sentirme muy orgulloso de ser de la clase obrera. Era político pero nunca extremo, ni en un sentido ni en otro. Algunos eran de derechas y otros de izquierdas – es decir en términos de laboristas y conservadores, nunca militantes o fascistas – y las bandas eran más o menos lo mismo.

¿Crees que aquélla era todavía una época de intolerancia racista?
Por aquel entonces había muy poco en términos de minorías étnicas. Igual había una familia que llevaba un restaurante chino, o una familia asiática, o negra… Incluso en los periódicos o en la televisión las cosas eran distintas. Ni siquiera puedo decir las palabras que se utilizaban en la televisión. Si dices una palabra así ahora en el centro de cualquier ciudad, seguro que te detienen.
¿Tenías un Milky en tu vida por aquel entonces?
No, eso no sucedió hasta más tarde, cuando era un poquito más grande. Conocí a un tipo negro, extraordinario, llamado Lenny, y fue todo una educación para mí. Fue un amigo fantástico. Yo era de un pueblucho, principalmente de blancos, y de clase obrera, y yo decía cosas como “gente de color”, es decir equivocando todos los conceptos. Pues ese tío puso bien las cosas en su sitio, diciéndome cosas como “mira, sé que ésa no es tu intención, pero si yo soy ‘de color’, tú también lo eres. Tú no eres blanco, eres más bien rosa, y yo no soy negro, sino más bien marrón. Si tú eres blanco, yo soy negro’. Yo pensaba que “de color” era lo políticamente correcto, pero a él realmente le molestaba. Así que aprendí mucho.
Y tú, al igual que Shaun en la película, también ¿te movías en una pandilla con chicos mayores que tú?
Claro. Mi hermana, que era mayor que yo, salía con un skin, que a su vez también era mayor que ella. Yo tenía 11 años, ella 14, y su novio 16, y todos sus amigos eran mayores que él. Así que yo era siempre la persona más joven. A mí me liaron con una chica llamada Smell, porque yo estaba siempre fastidiando a todo el mundo. Porque todos estaban siempre venga a darse besos y meterse mano, y yo siempre decía, ‘¿Y mi chica? ¿Por qué no puedo tener chica?’. Pues esa Smell era demasiado desarrollada y experimentada para mí, pero la cosa funcionó durante un tiempo. Todas esas cosas pasaron. Iba de caza con ellos. Había un chico que se llamaba Gadget, que era uno de mis mejores amigos, y siempre estábamos compitiendo porque éramos los más pequeños. Es totalmente biográfico.
¿Así que quizá sea ésta tu película más personal?
Totalmente. Es una pre-cuela a todo. A Room For Romeo Brass vino después de ese proceso. Yo pasé de ser ese niño con aquellos pelos descuidados y fui literalmente transformado. Recuerdo que un tipo llamado Woody me dio mi primera camisa Ben Sherman, que era demasiado grande para mí, y también recuerdo que alguien, otra persona, me dio un Crombie que era demasiado pequeño para un bebé de dos años. Así que tenía esa camisa enorme y aquel Crombie muy pequeño. Sigo teniendo la cruz tatuada en la misma mano y en el mismo dedo que Shaun. Más cerca imposible. Pero al mismo tiempo hay que hacer una película, una película interesante, así que no se puede incluir un plano de uno lavándose los dientes simplemente porque uno hacía eso. Eso sería aburrido.
¿Por qué de repente esta nostalgia por los 80?
Si uno mira hacia atrás, hacia aquella época, los ochenta nunca han sido considerados cool. Piensa en la música, que siempre se asocia con lo kitsch, porque todos tienen una pinta realmente ridícula. Incluso los años 90, con los Stone Roses y otras bandas, fueron considerados cool antes de los ochenta. Realmente perdió el tren. Los sesenta siempre fueron cool, incluso entonces. Era la época de mi padre, y siempre he tenido celos de eso. Pero ahora, como adulto, mirando hacia atrás, nosotros hemos formado parte de este tiempo mental. ¡Cuantas tribus existían en un solo lugar! En los sesenta, era todo mods, y roqueros y hippies, y casuals, mientras en los ochenta, a principios, pues había Goths, punks, mods, skins, New Romantics, casuals, metal heads… Las calles tenían un aspecto totalmente distinto. Ahora, si uno entra en el centro de una ciudad, es difícil distinguir a un niño de otro… No sabes de qué van. Más o menos puedes distinguir a un niño a quien le gustan los patines, porque lleva el cinturón de los pantalones a la altura de la rodilla, pero nada más. Por aquel entonces, la gente llevaba el corazón en la manga de la camisa. Era una época muy atrevida. Los CDs estaban empezando a fabricarse, era el principio de la época del Video doméstico… El paisaje estaba cambiando. Nadie sabía si tenía futuro. No es como ahora. No había antenas parabólicas. Los niños estaban todo el rato en la calle jugando. Para mí, era el último gran ¡hurra! La gente ya no se arriesga de esa manera. Todo el mundo se ha vuelto demasiado reservado. Los hombres parecen mujeres, las mujeres parecen hombres.
La secuencia de El Frente Nacional parece auténtica. ¿Presenciaste alguna vez algo parecido?
Sí, sí presencié algo parecido. De hecho yo llegué a ir a una reunión, en una casa, pero nunca me alisté. Yo era como Shaun… Me llegó aquello, pero al mismo tiempo estaba pensando ‘¿Por qué no tengo un asiento cómodo? Me duele la espalda’. Así que no me dejé engatusar. Pero lo que se me quedó fue el hecho de que no fuesen sólo skins. Acudían también agricultores locales. Eso es lo que detesto de le memoria selectiva de la gente. Piensan que El Frente Nacional era sólo skins. No lo era. Era mucho más amplio que eso. Yo intenté narrar eso en la pantalla.
En muchos sentidos, la película es una especie de historia entre padre e hijo, entre Combo y Shaun. ¿Se puede decir que eso constituye la sustancia emocional de la historia?
Sí. Creo que eso fue la idea. A cada niño le llega a un momento en la vida cuando, aunque escucha a su padre, sigue saliendo a la calle y empieza a escuchar los puntos de vista de otra gente. Estás buscando modelos. Es como una puesta de largo. Y para Shaun esto es mucho más agudo porque ha perdido a su padre. Lo fundamental de la película es Shaun, que está solo al principio y al final; y en medio se encuentra con dos personas muy diferentes, ambas de carácter muy fuerte. Woody tiene buen corazón, de hecho un muy buen corazón, y Combo tiene un corazón sumamente complicado. Quiere ayudar a este chico, pero está demasiado jodido para hacerlo. Y termina haciéndole daño.

¿Cambió mucho el guión en el transcurso de su escritura?
Yo no doy tanta importancia a los guiones. Escribo un guión porque tengo que hacerlo. Yo tenía la historia muy clara en mi cabeza, pero era un esquema muy general. Pero al principio, por ejemplo, había unas cuantas peleas clave, entre skins, en discotecas, pero que, una vez que empecé a hacer la película, fueron eliminadas. Coloqué en su lugar detalles mucho más personales. Lo mismo pasó con la música. Cuando la escribí por primera vez, al escuchar la banda sonora, descubrí que había mucha más música punk y Oi muy agresiva, escrita en el guión. Pero a medida que la película fue evolucionando, la música terminó siendo algo mucho más sutil y sensible.
¿Crees que tus experiencias agradables en Once Upon a Time in the Midlands, sirvieron para alimentar a Dead Man’s Shoes, y ahora a This is England?
Tras hacer Once Upon a Time in the Midlands, tardé unos cuantos meses en darme cuenta de lo decepcionado que estaba con lo que había hecho, por no tener derecho al montaje final, y también por el tema de la preocupación por las cifras de público. Fue una experiencia horrible, políticamente hablando. Yo tenía esa obsesión, casi, con querer conseguir un público muy amplio, y pasó todo lo contrario. Terminó siendo mi película menos vista. Así que Dead Man’s Shoes fue una reacción en contra de eso. 3,5 millones de libras, las puedes meter donde te quepa. Dame 750,000 e intentaré hacer la mejor película que haya hecho nunca.
No hemos hablado todavía de Thomas Turgoose, que interpreta a Shaun. ¿Como le encontraste?
Habíamos llegado casi a una situación límite, y habíamos recorrido toda Inglaterra, Manchester, Leeds, Birmigham, Nottingham. Ya teníamos el resto del reparto, salvo el prota, lo cual era muy preocupante. Había ensayado más de tres meses con gente distinta, intentando cosas distintas, pero seguíamos buscando. Terminamos por llamar a un director de casting especializado, Des Hamilton, que había encontrado al niño de Ratcatcher, y que tenía una técnica de trabajo especial, que consistía en acudir a centros sociales, a viviendas de protección oficial, a centros comerciales, para buscar a los niños más duros, y más reales. Daba con niños que pasaban horas en la calle fumando y bebiendo, y que no tenían ningún interés en estar en una película. Pero el resultado final de su búsqueda ha sido, en este caso, la cosa más fructífera que puede uno imaginar. Porque, al fin y al cabo, Thomas es la película.
Y ¿cómo ha sido trabajar con Thomas?
No se le puede reprochar casi nada. Como director, puede uno optar por apoyarse en alguien para poder sacar lo mejor de los actores, o puede uno dar con alguien tan hecho para el papel que sólo tienes que darle la confianza suficiente, de manera que, llegado el momento, sólo es cuestión de darle la salida y a partir de allí mirar y admirar. Lo único que tuve que hacer con Tommo fue hacerle creer. Por ejemplo, odiaba toda la ropa tan cursi que tenía que ponerse al principio, porque siempre había chicas cerca, mirándole, y eso le daba mucho corte. Así que tuve que hablar con él, diciéndole cosas como ‘Para que funcione la transformación, tienes que tener aspecto cursilón’. Así que, ha sido una relación actor/director muy diferente. Era como trabajar conmigo mismo cuando yo tenía aquella edad. Cuando empezamos, iba muy poco al colegio, por lo tanto había muchas cosas que tenía que superar todavía. Pasó de un ritmo de entre una y dos horas diarias de colegio hasta un ritmo de doce horas diarias en un plató de cine, donde él está en todas las secuencias, salvo dos o tres.
¿Sus orígenes sociales son parecidos a los de Shaun?
Sí. Es un niño alejado de su padre, porque sus padres se separaron cuando era muy pequeño, y dos de sus hermanos vivían con su padre mientras él y su hermano mayor vivían con su madre. Así que tenían mucho en común. Por eso, a lo mejor, se siente tan cómodo en el papel.
¿Tienes ahora algún proyecto de largometraje en mente?
Seis. Pero siempre he querido hacer King of the Gypsies, mi película sobre el boxeo. Pero necesito cierta cantidad de dinero. La gente piensa que la estoy esquivando, pero no es así. Si This Is England va bien, igual podría ir a Channel 4 y decir ‘Quiero 10 millones de libras pero no quiero actores famosos’, y eso no entra dentro de su lógica.



